Parece deseable la gestación y el mantenimiento de un carácter proyectual adicto a la emoción que aporta el descubrimiento, una atención máxima a lo último para proponer lo siguiente, una capacidad infinita para poner en duda y reformular posiciones. Escoltado por estas pautas, el urbanista contemporáneo se manifiesta como un explorador de lo inexplorado, un amante del desafío, un detective de la parte incierta de los procesos.

La trascendencia marca a fuego los paradigmas urbanísticos. Todas las disertaciones se encaminan a la enunciación de criterios globales, que incluso si albergan parámetros locales que conllevan cierta variabilidad, se intentan pautar desde directrices generales. En su gran mayoría, el crecimiento se desarrolla mediante nuevas masas que se añaden más allá del tejido existente, lo cual polariza el paisaje urbano en centro y periferia, con estrictos roles asociados.
.
¿Qué mundos intermedios son posibles? ¿Tiene sentido intentar abordar el urbanismo desprovistos de léxicos trascendentalistas? Estructuras de trabajo, acción transdisciplinar, innovación construida, ¿qué papel juegan en la reformulación del territorio?